Un rubí dentro del corazón, de un rojo puro y... yo centelleo. La emoción que llamamos amor debe estar elevada del estado de reparto a lo de la compasión total a través del rayo de la luz universal.
El ópalo de fuego, anaranjado y dorado, posee el poder inmenso de desagregar toda forma de cristalización susceptible de operarse en nuestros 3 cuerpos : físico, etérico y astral.
Las matices de la turmalina verde son muy variadas y nos prodigan todo el potencial de equilibrio que es el apanage de nuestra madre naturaleza.
Las vibraciones de esta piedra son sutiles pero dinámicas. Alivian el espíritu por el medio del sistema nervioso y nos da ganas de arreglar los conflictos interiores con calma y sabiduría.
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