Los Romanos utilizaban la ágata arborizada para favorecer la abundancia de las siegas, los Griegos le concedían el poder de luchar contra la deshidratación, los Musulmanes mezclaban el polvo de ágata al zumo de manzana para curar los trastornos mentales y los delirios. Soy una piedra de alta espiritualidad. Os explico los misterios de la Tierra y los de nuestra propia naturaleza. Según mi color y mi composición, numerosas utilizaciones pueden revelarse interesantes en litoterapia.
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