La amatista disipa el dolor, el furor, el miedo y la ansiedad que desvían nuestro espíritu del conocimiento espíritual. Enciende también nuestros sueños. La densidad extremadamente elevada de las vibraciones de esta piedra actúa en el alivio de los fuertes dolores de todas las clases, no sólo corporales sino también morales: pena intensa, sufrimiento de orden psíquico que alivia gracias al consuelo que exime.
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