El ámbar coge todos los colores de la miel y su aspecto evoca de manera agradable el tesoro de las colmenas. Pero, más allá de esta apariencia, existe un real punto común con el mundo de las abejas.
Estas untan las paredes interiores de la colmena de una sustancia especial que se llama Própolis cuya composición química se acerca mucho de la del ámbar ( la Própolis contiene además Azote ).
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